“El arte es cagarse de frío”

Entrevista con Jorge Cuello.

Jorge Cuello, Artista plástico y gráfico. Artista. Persona y personaje.  Podría decirles que nació en Oliva, Córdoba su edad y “logros” que en el camino fue consiguiendo a fuerza de trabajo y creatividad, pero eso, lo pueden buscar en google.  En esta charla con él me sorprendí al encontrarme con una profundidad y entendimiento sobre algunas realidades que sus zapatillas todas pintadas, sus pelos blancos al viento y su dentadura corroída parecen ocultar a simple vista. Con el correr de las preguntas se desentramaba para mí una persona profundamente sensible y con un sentido del humor agudo y a la vez crudo. Reflexiones de alguien que ya lleva un tiempo produciendo sensaciones disfrazadas de pintura. Sin duda Jorge Cuello esta en el inconsciente colectivo de Córdoba, porque hemos visto sus obras un millar de veces, hasta quizás sin saber que son de él. Y en esos diferentes trazos se desentrama la historia de una persona que no sabe de quedarse con las ganas de vivir.

Por Joaquin Servent, para Ósmosis.

  • ¿Hay algún trabajo tuyo en la Ciudad de Córdoba que te guste en especial, o al que vuelvas por alguna razón?

Eee… No, no tengo particularmente registro de la obra. No soy consciente de ella en función de la ciudadanía, es decir, ya a mi edad abandone la presión que me provocaba pintar para algo. Yo cada día más estoy pintando para mí, yo siempre esto lo hice por necesidad, lo cual es una mecánica muy egoísta si querés, por estar en términos de lo personal, no todo el mundo opera por necesidad, pero en mi caso si es real que en alguna medida yo siempre brolle mis historias personales en función de un proyecto cultural en donde yo era la estrellita del circo, y eso me género no poder ser compatible con muchísimas circunstancias hasta llegar a esta situación en la que me encuentro hoy, donde estoy tratando de volver a comunicarme con las mamas de mis hijos, que es lo más difícil (sonreímos los dos), y poder volver a tener un hilo conductor que haga que mis hijos utilicen la obra que he hecho para bien, para construirse. Mis recuerdos tienen más que ver con una cosa personal, que con algo que yo quisiera cuidar y decir, ah! no me borres esto. Pueden borrar lo que quieran, y volverlo a pintar.

  • Me respondiste otra pregunta que te iba a hacer en el camino, que tiene que ver con si concebís al arte con un fin o como un medio…

Para mí en realidad el arte, es cagarte de frio. Fundamentalmente. Esa es la mejor definición del arte, eso lo dijo Gudiño Kieffer y en algún punto a mí me hace asociarlo con la intemperie, el arte no es tangible en principio, lo que en realidad moviliza todo el motor que está detrás, no es tangible por eso es muy difícil asociarlo con estas medidas temporales.

 

  • En algún punto el motor creativo no termina de ser lo tangible mientras que a su vez tiene ese poder de llegarnos a través de los sentidos e interpelarnos a todos desde distintos lados.

Claro, pero justamente ves que ese es el Tester de Violencia, diría Spinetta, que en alguna medida determina que uno realmente se tire un pedo con total naturalidad y eso finalmente es algo que puede generar un hecho creativo. ¿Puede el aleteo de una mariposa generar un tornado en Kansas? Entonces vos decís ¡¡Guau!! ¡Si! Y eso tiene que ver con la trascendencia, hay algo que tiene el arte que trasciende a esa misma persona que lo genera y trasciende muchísimo más a los que lo rodean, que son los primeros beneficiados en el sentido de que convivir en un espacio donde el arte esté manifiesto, ya los hace especiales.

  • Para terminar con esta parte de la entrevista más asociada a los diferentes espacios, ¿hay algún lugar de córdoba que te gustaría intervenir?

Qué pregunta…  En principio me gustaría tener un taller, nunca tuve un taller y me encantaría tenerlo. Puesto así en pensar, se me ocurrió ocupar todos los molinos Minetti que están por encima de la terminal nueva. Siempre me pareció un espacio cosmopolita y poder hacer ahí una situación en donde de pronto, en una condición de transito como es tan deprimente la de los ómnibus y esperar, se podía generar una obra en ese espacio donde cómodamente podría tener actividad.

  • ¿Para crear, la quietud del campo o el desenfreno de la ciudad?

Mira, yo tengo la experiencia de haber formado parte de una época en la cual en Córdoba el arte se volvió a manifestar. Luego de la dictadura con la llegada de la democracia comencé a trabajar con Paco Giménez en La Cochera, y aprendí una mecánica creativa que tenía que ver con cosas que se estaban haciendo en otras partes del mundo, durante ese tiempo de oscurantismo que habíamos tenido, y en ese momento aterrizaron una cantidad de personajes que en algún punto pusieron el arte fuera de contexto, fuera de los ámbitos sagrados. Vos podes sacralizar al campo, pero catedrales podes hacer en todos lados. El tema de lo que uno muda cuando se mueve, es la base del alimento de lo que uno después va a generar. Me da lo mismo, yo viajo conmigo, ahí donde sea… Sale.

  • ¿Percibís el arte callejero como un arma de lucha popular?

En alguna medida sí. Sí, pero no tomado en el sentido de la militancia, es decir, la militancia tiene principios y supuestamente fines, pero tiene todo un adoctrinamiento en función a lo que debería ser. Yo creo que lo que ocurre con el arte callejero es más bien, esa cosa que tienen los humanos en un momento de su vida, sobre todo en la época de la adolescencia, de romper o transgredir y de alguna manera “adueñarse del discurso” un discurso que en definitiva es bastante pedorro, porque no hay ninguna consigna en las paredes que a vos te hagan “¡guau! Parar, y te cambio la vida”. Vos podes encontrar cosas interesantes, cosas que te contengan. Siempre es mejor una consigna artística a cualquier consigna política, ver las paredes con consignas acerca de las elecciones siempre es más decadente que de pronto encontrarte con el flip de algún pibe grafitero. Yo creo que en Córdoba además hay una posibilidad como las que genera la gente del Pomelo Hostel que ha organizado toda una especie de museo a cielo abierto, que primero comenzó en la zona del abasto y luego ahora llego a los barrios. En alguna manera este tipo de cosas son las únicas que están acompañando una realidad social en donde nadie le tira una onda a la gente que no tiene posibilidades, ni siquiera de pararse a mirar un cuadro, ni te digo meterse a una galería. La mecánica del consumo de arte está muy acotada,  a la gente que tiene esos intereses, ya te digo si vos estas al pedo, te dormís una siesta, te tomas un tetra. ¿Qué te vas a tomar un colectivo para ir al museo Caraffa, entendés? Entonces, el arte callejero tiene esa cosa de ser los museos para esa gente, para los linyeras, para esa gente que está muy lejos de la posibilidad de disfrutarlo en un ámbito institucional.

  • Me acabas de responder la pregunta que seguía que es básicamente ¿Cuál pensás que es el papel del muralismo en la ciudad?

¡Eso es! ahora estamos por ejemplo en la ciudad universitaria yo estoy pintando un mural en la sede de ADIUC, y esto mismo está hecho en el ingreso a la ciudad universitaria. Yo estuve trabajando hace poco en la Facultad de Comunicación y hay un par de plotters colocados en las ventanas y un esténcil de Walsh que está colocado en cada uno de los ingresos. Eso en algún punto lo asocio a la literatura de cordel flojo de los brasileros, en donde los tipos no tenían formas entonces hacían en xilografía las reseñas de lo que ocurría en el poblado y lo colgaban en las esquinas y las plazas, entonces todo el mundo se enteraba a partir de esos grabados cosas que sucedían y nadie contaba.

  • Sabiendo que has colaborado y trabajado con la Fundación La Luciérnaga ¿Cuál crees que es la importancia de proyectos como este en el seno de una sociedad marcada por la desigualdad y problemáticas que atañen al resultado de lo que reproducimos?

Yo creo que es la única publicación que existe en la ciudad que, le dio voz a los que no tienen voz. En definitiva es un poco eso, es un espacio en el cual la gente que comunica no lo hace en función a activar un mercado, a generar una situación de dependencia de eso. Creo que el término tendría que extenderse de la actividad de la revista, siempre pensé que sería muy bueno que se construyeran a partir de este tipo de organismos, la posibilidad de que haya talleres y prácticas de potenciales actividades que involucren a los chicos, porque en realidad más allá de la intención de La Luciérnaga, los chicos no dejaron de ser canillitas nunca. En vez de vender El Clarín venden La Luciérnaga, pero no hay luciérnagas periodistas, no hay luciérnagas ilustradores, es decir, se está sosteniendo por la actividad de gente como yo que en algún momento nos acercamos a ayudar a esa causa. Yo creo que la causa cerraría cuando eso llegue a ser un semillero de actividades más complejas. También creo que a la sociedad no le interesa este tipo de cosas, somos esencialmente católicos apostólicos romanos y en alguna manera justificamos lo que deja el sistema. No hay forma de pelear contra eso, no hablo de ejercer violencia si no en el sentido de acercarse a una situación para modificar determinadas condiciones antagónicas y desequilibradas  de esta sociedad. Yo vivo en el campo y me asombro por que vengo a la ciudad y todo el mundo está acostumbrado a gastar mucho dinero, tiene otro costo el pueblo, pero nunca hablamos de tanto papel impreso, y de teléfonos y taxis y toda una historia que hace a la vida en la ciudad y me impresiona mucho, digo ¿Qué loco no? Esto no es un problema de plata, es un problema de una sociedad que eligió este modelo de cambio. No tiene para nada una actitud condescendiente con la necesidad del que no tiene.

  • Totalmente, hasta me haces pensar, en esta sociedad cordobesa tan de derecha, me imagino a esa persona que por ahí vota al PRO y compra una luciérnaga como un cínico, como si lo vieran como una limosna para dejar la conciencia tranquila, sienten que así ayudan, que colaboran a cambiar las cosas pero en realidad es como un acto de lastima…

Es algo así como ir a la iglesia y dejar un diezmo, en un momento se implementó en la iglesia la obligatoriedad a todos los feligreses de poner el diez por ciento de sus ingresos. Y vos decís esta historia que se instala desde un lugar tan espiritual supuestamente, pasa a tener un poder que llego a ser inquisidor, y llego a tener la autoridad como para quemar personas solo por transgredir normas pedorras que todos aceptamos.

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