Las redes que tejemos hoy sostendrán el mundo mañana

Construirse en conjunto bajo lógicas de red significa solidarizar nuestros recursos y herramientas, compartir experiencias, encarar con creatividad los procesos de activismo. Construirse en conjunto significa re-ver las estructuras jerárquicas y patriarcales de nuestras organizaciones, las actitudes machistas y violentas propias y de la organización. Significa escucharse, comprenderse, y cuestionarse. Significa generar valores comunitarios, a través de lógicas colaborativas de participación y producción, verdaderamente horizontales, donde podamos modificar continuamente y con profundidad nuestros propios espacios de activismo y militancia.

Por Julián del Caño, para Ósmosis.

Poner la cuerpa, organizarse.

Al hurgar sobre mi propia vida, encuentro pocas decisiones tan correctas como la decisión de organizarme. De buscar un espacio donde depositar, activamente, todo el espíritu crítico que fui incubando y construyendo en los inicios de mi adolescencia rebelde. Ésta rebeldía se volcó en las distintas instituciones, principalmente la escuela y la familia, y a partir de allí fui comprendiendo el sistema capitalista, sus dominaciones y opresiones. Hoy la discusión ha avanzado y me resulta muy viejo hablar de cómo el sistema todo lo devora, cómo parece estar minuciosamente planificado para la miseria de millones y millones. De cómo la ambición, la codicia y el desinterés van devastando nuestra tierra, nuestro hábitat. Cómo una cultura hegemónica, consumista-individualista, intenta fagocitar cualquier expresión salida de esa norma con millones de estímulos por minuto en diversos formatos, y represión. Mucha represión. Desarrollar una nota en este sentido sería obsoleto si la idea es aportar a las nuevas narrativas que como juventud activista estamos construyendo.

Está claro que la intención de organizarse es “luchar” contra el sistema capitalista y/o patriarcal, siempre con el sueño de “cambiar el mundo” y hasta aveces, dejar la vida en el intento. Y por suerte no estamos soles, somos millones transitando organizaciones, agrupaciones, asambleas, espacios culturales, sindicatos, y diversas expresiones de lo contra-cultural y la política crítica, en todos los rincones del mundo. De alguna manera, esto es lo que nos permite soñar, no perder la esperanza frente a tanta crueldad cotidiana.

La primera acción que todo activista-militante debe generar en sí mismo a la hora de ingresar a (o construir) una organización, es disolver el propio ego y permitir que las ideas ajenas influencien las propias. Disolver el ego no implica dejar de respetar o confiar en las propias ideas, sino saber que nos vamos a encontrar gente con más o menos años de trayectoria, con ideas contrarias o similares más o menos formadas, con historias de activismo y de vida distintas, y que todo esto va a derivar en infinitas conversaciones, debates y discusiones que en el mejor de los casos van a ir poniendo en marcha una especie de engranaje para llevar adelante las acciones que resulten de éstas discusiones. Sino, corremos el riesgo de quedar con sensaciones de frustración e impotencia, o hasta podemos ser expulsados de la misma organización por falta de empatía, o simplemente por ser un pelotudo. También hay muchas personas que son activistas pero no necesariamente están organizadas, sin embargo, desde una apreciación meramente personal, tarde o temprano ese individuo va a terminar en alguna expresión organizativa.

En particular celebro que toda persona se organice, siempre y cuando lo haga en un espacio con espíritu crítico y anti-capitalista, o hasta “progresista”. Jamás voy a celebrar las organizaciones neonazis, fascistas y sus derivados como el movimiento “pro-vida”; pero sí que haya una amplia gama de organizaciones de diversas ideologías e historias. De hecho, hoy nos encontramos con una realidad compleja que nos demuestra que hay miles de organizaciones, de todos los colores. Entonces, ¿Los procesos revolucionarios de este siglo estarán encabezamos por una sola organización? ¿Hay organizaciones que tengan la “razón” por sobre otras? ¿Se puede pensar que hay métodos más efectivos que otros? ¿Cuáles son esos métodos? ¿Todas las organizaciones deberíamos reconocerlos y por ende llevarlos a cabo? ¿Hay tantas lecturas de la realidad como organizaciones? ¿Hay tantas lecturas de la realidad como activistas? ¿Qué pasa con la construcción de líderes y referencias? ¿Necesitamos esa jerarquización?

Con organizarse no alcanza.

Para empezar, el hecho que se haya construido una organización que critique al sistema capitalista no quiere decir que dentro de la misma no se reproduzcan lógicas de la cultura dominante, hegemónica. Basta ver la gran cantidad de personas expulsadas de las organizaciones –y todas las que faltan- por sus violencias machistas. Basta ver la violencia, competencia y mezquindad con la cual muchas organizaciones se relacionan. Es decir, puede pasar que todo lo que el sistema capitalista quiere que se instaure en un individuo, (egoísmo, competencia, individualismo, violencia, prejuicios, aislamiento, etc.) se instale en una organización entera, cuando la identidad de la misma se configura como una nueva individualidad. Por el simple pensamiento que mi organización tiene la posta y la voy a disputar en los distintos espacios. O porque mi organización va a crecer, entre otras formas, haciendo notar lo equivocadas que están las demás en sus búsquedas, en sus formas, en sus métodos. ¡Hasta a veces una simple organización se la considera “culpable” de un problema estructural!

Reconocer el valor de la persona organizada, reconocer la necesidad que suceda y celebrarlo, no implica tener afinidad política. No implica que esté garantizada una articulación para motivar acciones en conjunto con tal o cual organización, con tal o cual persona. Pero es un paso muy grande para quitarnos de encima la competitividad permanente entre organizaciones y la idea de “maquinitas revolucionarias”. Ya fue el pensamiento que nuestra organización es, sin lugar a dudas, la mejor. Otras expresiones son posibles y todas igual de válidas que las que elijo.

Es acá donde entra el trabajo en red, la construcción de redes, idea que quiero reforzar con esta nota. (La construcción de redes se da en dos planos igual de necesarios: el político y el afectivo. En esta nota trataremos de abordar la construcción de redes en el plano político, entendiendo que son redes necesariamente complementarias)

Con organizarse no alcanza, es sólo el primer paso. Tenemos que lograr que nuestra organización sea una expresión real y concreta de ese mundo por el cual luchamos, de ese mundo que queremos construir. Esta prefiguración debiera ser objetivo primordial para toda organización. Sino, organizarse sería una forma de calmarnos sin sanar, un paso previo a la rendición, porque al menos lo intentamos. Haríamos realidad el comentario del tío facho que nos dice que el mundo siempre fue así y nunca va a cambiar. ¿Queremos cambiar el mundo, pero no podemos cambiar en el mismo sentido, nuestra propia organización?

¿Qué organización tiene las herramientas para “encabezar” un movimiento liberador y revolucionario? Para mí la respuesta es muy simple: ninguna. La fuerza y la capacidad revolucionaria de generar profundos cambios estructurales radica en los movimientos que aglutinan a diversas expresiones organizativas, y que tarde o temprano, atraviesan a todo el activismo.

Movimientos de época.

Este fragmento se me hace muy difícil expresarlo, ponerle título, desarrollarlo. Proviene de una lectura un poco intuitiva mas que teórica, y tiene arraigo en el territorio de Córdoba, Argentina y Latinoamérica.

Planteo la idea que existen movimientos de época por la experiencia de encontrarme con activistas de todo el mundo y sentir que las discusiones y los debates que surgen de problemáticas globales están siendo muy similares en territorios muy alejados. Sin querer generar un sentido de “moda” con respecto a los movimientos más significativos que desarrolla el activismo de la actualidad, me parece que es algo a rescatar y a tener en cuenta el hecho que organizaciones y procesos que nunca tuvieron conexión directa, lleguen a conclusiones similares con argumentos en común, entendiendo que estos movimientos están generando formas concretas de transformaciones profundas, que tendrán expresiones distintas según el territorio al que se arraiguen, y que conforman conclusiones compatibles entre sí con respecto a las necesidades actuales.

Más arriba al mencionar que el debate sobre el poder y los alcances de este sistema ya es un poco viejo, es porque entiendo que a partir de estos debates se van formando verdaderos movimientos liberadores, que pueden llevar siglos o décadas de proceso, pero están ahí caldeándose, creciendo, evolucionando nuestras percepciones y discusiones en el ámbito activista de todo el mundo. Cuando une se va encontrando con esos movimientos, entiende que hay muchísimo para discutir y debatir sobre posibles sociedades a partir de construcciones concretas.

En Argentina el movimiento más fuerte en la actualidad, y probablemente en todo el mundo, son los feminismos. Una cosmovisión distinta del mundo, de su historia y de las relaciones de poder que construimos. Un levantamiento y empoderamiento global de las mujeres y disidencias que hace tambalear las estructuras hegemónicas, con la potencialidad de revolucionar muchísimos aspectos de nuestra vida.

A su vez, la recuperación de la memoria ancestral de los pueblos originarios o nativos, sus costumbres y valores, son una cosmovisión distinta del mundo que nos permite pensarnos desde otra perspectiva a nosotres en relación con la naturaleza y el cosmos, aprender a habitar lo comunitario, volver a sentirnos arraigados a los distintos territorios de forma amplia y compleja. Movimiento que tiene como protagonistas a las comunidades originarias que todavía están resistiendo la imposición cultural de este sistema.

También, podemos reconocer un fuerte movimiento en torno a la soberanía alimentaria, que tiene una íntima relación con los movimientos mencionados anteriormente ya que genera profundas críticas con respecto a la relación con une misme, nuestra alimentación, nuestro cuidado, como así también la relación con la tierra, otras especies, la naturaleza y las formas industriales de explotarla versus las formas ecológicas de aprovecharla.

A su vez, existe un enorme movimiento de distintas expresiones anti-capitalistas histórico e innegable, con importantes aportes teóricos para la comprensión de la sociedad capitalista y la construcción de otras posibles. Entre estas expresiones hay fuertes tensiones y discusiones, elijo aglomerarlas para evitar una jerarquización de las mismas que no comparto. Podríamos decir que este movimiento tiene un activismo arraigado a los sectores donde el sistema sólo llega con las balas de las fuerzas represivas, la estigmatización de sus instituciones y el crimen organizado, o con fábricas y explotación. La militancia que hay desplegada en este sentido a lo largo y ancho del continente es incalculable. Mayoritariamente son corrientes muy críticas de las construcciones de los Estados-Naciones, e históricamente perseguidas, criminalizadas o estigmatizadas por los Estados-Naciones en todo el mundo.

Lo interesante de estos movimientos, y por eso los resalto en conjunto y paralelo, es que son compatibles entre sí, lo que genera que las victorias que se vayan obteniendo mejoren las condiciones de todos los demás procesos para seguir avanzando.

Si bien podemos ver prácticamente un movimiento levantado por cada problemática de nuestra realidad, no son la totalidad de los mismos quienes tienen las herramientas para atravesar de forma transversal a las organizaciones y a las personas que las habitan. No se trata de una jerarquización de las problemáticas, sino de perspectivas argumentadas desde las cuales podemos generar condiciones y alternativas nuevas de vida.

Dejar que estos movimientos nos atraviesen tanto de forma individual como colectiva. Dejar que den vuelta nuestras concepciones. Dejar que pongan patas para arriba nuestras organizaciones y espacios de activismo o militancia. Dejar que esto suceda, facilita la construcción de redes, nos conecta, solidariza y hermana.

Progresismo en Latinoamérica.

Siempre que se dice algo, hay otras cosas que se excluyen. En este sentido, no incluyo en esta caracterización a un movimiento también indiscutible e innegable en Latinoamérica, que es el movimiento de los distintos sectores progresistas que lograron estar en la dirigencia de los Estados-Naciones de muchos países de nuestro continente por aproximadamente la última década. Estos movimientos están basados en una lucha directa contra el “Imperialismo” pero no así contra el capitalismo. Sino, mas bien, son nuevas formas de construcción y administración del Estado, que derivan en nuevas formas de capitalismo, aveces caracterizado como “Capitalismo de Estado” o “Capitalismo de Inclusión”, por ejemplo. No quito validez a estas construcciones, como tampoco niego los cambios positivos que generaron en las condiciones de vida de muchísimas personas. Ni mucho menos desmerezco el coraje de hacerle frente al imperialismo (sin ir mas lejos se ganaron el odio y la enemistad del poder real mundial, y de cada país). Sin duda, en nuestras discusiones tenemos que debatir el rol del Estado en los procesos de liberación. Sin duda, organizarse para dirigir el Estado es algo súper válido que puede acelerar cualquier proceso revolucionario, como también los puede desacelerar o limitar.

El lugar autoreferencial en el que se pusieron los progresismos en el continente y la relación que tuvieron con muchísimos sectores movilizados durante sus mandatos, no me permiten sentir que verdaderamente sean movimientos con la capacidad de atravesar transversalmente a todo el activismo. Excepto, en vísperas de elecciones.

Indudablemente prefiero a Cristina de presidenta que a Macri, porque no considero que sean lo mismo. Sí considero que al tener tanta aceptación en sectores militantes sin criticar de lleno al sistema capitalista, es por lo menos un movimiento (el Peronismo, devenido en Kirchnerismo en este caso) discutible en su escencia y, aunque genere un poco de polémica, en algún punto peligroso para los movimientos liberadores y revolucionarios. A su vez, hago una importante diferenciación entre las dirigencias y las personas militantes de sus espacios, porque éstas entendieron muy bien el compromiso y la formación política. Son personas muy críticas de toda la construcción hegemónica de sentidos y poder, y seguramente grandes militantes o profesionales. Algo también indiscutible es que supieron ir conquistando espacios de poder dentro de instituciones estatales, públicas o gubernamentales con enorme eficacia, arrebatándo esos espacios a sectores conservadores o de derecha. La discusión radica en qué hacen con ese poder una vez obtenido.

Es un tema que merece más de un artículo aparte.

Tejiendo redes.

El organizarse parte de la conclusión que una persona sola no tiene demasiada capacidad de influencia sobre la realidad, y muchas personas con objetivos o deseos compartidos si. Lo mismo pasa con las organizaciones. Debemos reconocer que solas no podemos y eso implica reconocer la necesidad de la diversidad y la necesidad de habitar esa diversidad, reconociéndonos pares, iguales. Si alguna vez la conclusión fue que se necesitaban organizaciones, hoy creo que deberíamos poder hacer la lectura que se necesitan articulaciones. Organizaciones y articulaciones. Organizaciones que se articulen.

Una red se conforma por un tejido de trayectorias en cuyas conexiones se conforman nodos. Es decir, pequeños puntos donde diversas trayectorias se encuentran, se entrelazan, y se fortalecen para salir disparadas en diversas direcciones a generar nuevos puntos de encuentro con otras trayectorias, nuevos nodos. Éstos se fortalecen a sí mismos y a todos los demás, conformando una extensa red de relaciones, conexiones y trayectorias, en donde se necesitará mucho más que desanudar un nodo o cortar una conexión, para desmantelar su estructura.

Es necesario decir que no toda articulación implica un trabajo en red, articular no necesariamente tiene la intencionalidad de construir nodos, de tejer redes. Y por otro lado, no hay forma de enredarse sin la intención de generar articulaciones, nudos.

Me gusta la idea de pensar que todas las organizaciones y personas políticamente activas formamos parte de una inmensa red que tejemos día a día, y la potencialidad de nuestra generación es darnos cuenta de eso y fortalecer la red. Ya no sólo mi propia trayectoria y mi nodo más cercano –entiéndase como propia organización- sino expandir la búsqueda política y la articulación para la construcción de nuevos mundos que podamos tocar con la mano, ver con los ojos, transitar con nuestra sexualidad, alimentación y formación, cuestionar con nuestras ideas y modificar con nuestras acciones. Que sea un mundo nuestro, sostenido por una inmensa red de relaciones y organizaciones conectadas, enredadas.

Siempre, inherentemente a cualquier contexto político, habrá organizaciones que tengan más afinidad entre sí, que se afecten, se vinculen con profundidad política construyendo un clima, un ecosistema, una narrativa de activismo y militancia. Ese clima, ese ecosistema y esa narrativa no siempre cuestionan las estructuras del sistema capitalista, más aún, muchas veces las reproduce. Podremos pensar: imposible imaginarse una organización que no reproduzca lógicas capitalistas. Pero más imposible aún debería ser imaginarse una organización que no se las cuestione. Y acá la importancia de los movimientos de la época.

Es decir, nuestras trayectorias se van a fortaleciendo y conectando según las acciones, reflexiones y discusiones que generemos en torno a los movimientos de época, y así vamos construyendo diversos nodos -según la afinidad política que exista entre distintas trayectorias- con la clara intención de contribuir de forma concreta a los procesos de liberación en la sociedad.

Explorar la energía de los movimientos de época y ponerlos en debate transversalmente a todo el sector activista-militante es lo que va a ir generando paulatinamente mayor cantidad de acuerdos, de conexiones, de nodos posibles que permitan una construcción en conjunto cada vez más amplia. Entender los argumentos de los distintos movimientos y generar acciones en torno a ellos nos posiciona, en última instancia, como partícipes actives de la construcción y el crecimiento de los mismos, lo cual nos va a permitir ver la red que estamos tejiendo, fortalecer nuestros nodos, y lograr que el movimiento que todo esto genera, sea imparable.

Porque a los feminismos que revolucionan el mundo lo construyen las mismas pibas y disidencias que vemos todos los días. Ellxs hicieron que en la sociedad el miedo esté cambiando de bando, y en las organizaciones o sectores activistas, ni te cuento.

Porque a la Ley de Bosques la bajaron las asambleas de vecines del interior de nuestra provincia, y también de Capital.

Y a Monsanto lo echaron activistas que hicieron de la causa su propia casa.

¿Y cuántas pibas abortan seguro gracias a las Socorristas?

¿Cómo crees que llevan las estadísticas en CORREPI, hace más de 20 años?

Y somos 28 las personas imputadas en la UNC y mas de 10 en Rio Negro porque fuimos miles en toda la Argentina quienes les pusimos el cuerpo a la defensa de la educación pública, levantando asambleas para debatir qué educación queremos, tomando edificios para denunciar su mercantilización.

¿Sabes cuántas asambleas barriales hay en nuestro país? ¿Cuántas cooperativas de trabajadorxs de la Economía Popular? Y ponete a pensar, ¿Cuántas ollas populares se habrán hecho?

Construirse en conjunto bajo lógicas de red significa solidarizar nuestros recursos y herramientas, compartir experiencias, encarar con creatividad los procesos de activismo. Construirse en conjunto significa re-ver las estructuras jerárquicas y patriarcales de nuestras organizaciones, las actitudes machistas y violentas propias y de la organización. Significa escucharse, comprenderse, y cuestionarse. Significa generar valores comunitarios, a través de lógicas colaborativas de participación y producción, verdaderamente horizontales, donde podamos modificar continuamente y con profundidad nuestros propios espacios de activismo y militancia.

En esta inmensa red, cada cual es dueñe de su propia trayectoria, que va afirmándose a partir de la conformación de distintos nodos, espacios de confianza entre otras trayectorias que con el paso del tiempo se van complejizando y organizando. Se crean nuevos nodos y fortalecen los ya existentes todo el tiempo. En este proceso comienza a suceder lo más interesante: se comienzan a conformar algunos circuitos en donde se puede transitar de forma más o menos libre entre distintos nodos, porque las trayectorias son seguras y conocidas. Es muy importante que reconozcamos estos circuitos que se van generando de forma espontánea producto de la afinidad política, y que los fortalezcamos. Ahí dentro podemos solidarizar, abrir, mezclar y explorar una alternativa al sistema imperante muy potente, que se puede empezar a confundir paulatinamente, con un Gran Nodo inquebrantable. Porque debemos reconocer la fortaleza de saber que nuestra intención no es competir con otro proceso similar, sino que formamos parte de la misma red que se extiende, por momentos sigilosa, sin que haya una forma concreta de pararla.

Las redes que tejemos hoy, sostendrán el mundo mañana.

 

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