Informe preliminar en la noche del infierno

Nadie sabe lo que puede una palabra. Quizás lo que pasó en los vocabularios marxistas, anarquistas, populistas, emancipadores en general es que perdieron la capacidad de narrar, de contar historias, quizás repiten un relato de un mundo agonizado. Quizás haya que abandonar las ideas modernas, el sujeto cartesiano (masculino, europeo, con mente y alma), el estado y sus fronteras, la democracia y sus simulacros, y la idea misma de revolución. La lengua dormida repite viejas palabras, necesita experimentar si quiere volverse experiencia.

Por Pablo Sanchez para Ósmosis

El ruido es el lenguaje de la nueva vida humano-mecánica” F.T. Marinetti.

Pensas que estas en el Foro, cuando en realidad estas en el Circo” Natalie Wynn.

1. Nadie sabe lo que puede una palabra

Hablar es un acto misterioso. Decidir que palabras usar, pensar y formar un argumento, planificar un tono, puede ser relativamente sencillo. Pero cuando el lenguaje intenta llevar su mensaje por las turbias aguas de la comunicación para llegar a nuestra interlocución elegida, la recepción no siempre resulta como se esperaba. El malentendido es constitutivo de la expresión. Siempre hay una pérdida de sentido. La palabra se astilla antes de llegar. Quizás por esta falta constitutiva del lenguaje, la oratoria/retorica/expresividad/performer del “Líder de masas”. No son pocos los comentarios y anécdotas que resaltan la buena o mala comunicación de Hitler, Mussolini o Stalin.

Por su parte Durán Barba y Nieto creen que la oratoria es una característica del pasado. La “vieja política de la palabra” estaría en sus días finales. En “El arte de ganar. Cómo usar el ataque en campañas electorales exitosas” hay un apartado (“De las palabras que transmitían ideas a las imágenes que transmiten sentimientos”) en el que describen brevemente la historia de la política en paralelo al desarrollo de los medios de comunicación. Su diagnostico es sencillo: Perón fue un líder de la radio y la palabra, mientras que Menem, De Narváez líderes de la TV. Esta idea se repite en el más reciente libro de Barba y Nieto “Mujer, sexualidad, internet y política. Los nuevos electores latinoamericanos”. Al final de este libro reflexionan sobre “la edad de las imágenes y ocaso de las palabras” en la que insisten en que el presente de la política está servido para candidatos que entienden y nacieron en el espectáculo, líderes que conversan con ciudadanos y no profetas con oratoria y teoría.

Esta idea de vincular política y espectáculo la podríamos rastrear al mayo francés en “La sociedad del espectáculo” de Debord o incluso en Vigilar y Castigar cuando Foucault habla del carácter espectacular de los suplicios. Pero Barba y Nieto hablan de un espectáculo particular de nuestro cyber-presente: La política debe hablar con imágenes y dejar de lado la palabra. Dejar lo simbólico (palabras, argumentos, teorías, sistemas morales, la mente) para conquistar lo imaginario (el yo/individuo, los deseos, esperanzas, el cuerpo). Podemos decir que hoy la política (y sobre todo la política fascista) funciona con las herramientas de lo imaginario.

En Barton Fink (Ethan y Joel Coen), Sorry to bother you (Boots Riley) y Black Mirror tenemos algunas fabulas cinematográficas fascistas para ver esta idea. Sin ánimos de spoilear digamos algunas cosas. Barton Fink trata de un escritor que no puede escribir (el intelectual populista de la palabra al que la mente y lo simbólico le dejo de funcionar, un personaje que Barba y Nieto detestarían), en las escenas finales su vecino (el que cumple el rol del fascista) en espectáculo hermoso de destrucción grita de manera algo irónica: “Te mostrare la vida de la mente”. Sorry to bother you y Black Mirror desde la ciencia ficción muestran las muchas potencias de las tecnologías y la virtualidad para movilizar imaginarios solidarios a la crueldad de regímenes fascistas. Por nombrar algunos en Men Against Fire un software que inserta un imaginario zombie permite a soldados matar sin culpa. En Nosedive el exilio de lo social es el exilio mismo del imaginario, realizando el orden más fascista posible en el cual imaginario y sociedad se fusionan. En Sorry to bother you el imaginario que se moviliza es uno más cotidiano: La casa propia y un trabajo estable.

A nivel descriptivo es difícil no acordar con algunos elementos de Barba y Nieto. Es cierto: la imagen es en gran parte el lenguaje de nuestro tiempo. Pero eso no significa que la palabra haya perdido su eficacia. Nadie sabe lo que puede una palabra. Quizás lo que pasó en los vocabularios marxistas, anarquistas, populistas, emancipadores en general es que perdieron la capacidad de narrar, de contar historias, quizás repiten un relato de un mundo agonizado. Quizás haya que abandonar las ideas modernas, el sujeto cartesiano (masculino, europeo, con mente y alma), el estado y sus fronteras, la democracia y sus simulacros, y la idea misma de revolución. La lengua dormida repite viejas palabras, necesita experimentar si quiere volverse experiencia.

2. La Nueva Derecha sabe hablar

En EEUU hay una gran diversidad de grupos y militantes de extrema derecha (Alt-Right, Supremacistas blancos, distintos grupos anti-ideología de género), entre ellos destaca Ben Shapiro (Versión norteamericana de Agustín Laje) que argumenta que los pronombres designan la biología y los cromosomas, como si hubiera un vínculo entre biología y lenguaje. En el video “Pronombre” subido al canal Contrapoints de la youtuber Natalie Wynn hay una elaboración y critica a estas posiciones.

Pero en nuestra región la extrema derecha tiene una visión diferente a la de Shapiro. Al final de la primera parte de su libro negro de la nueva izquierda Laje demuestra ser plenamente consciente de lo que pueden las palabras cuando se trata de política: “Dado que es el lenguaje el principal terreno de una lucha cultural, creo interesante no sólo estos ejemplos (se refiere aquí al uso de las palabras “feminazi” y “hembrismo”), sino jugar e innovar nuevas maneras de denominar a estos grupos, que impidan la confusión que ellos mismos promueven para dar sensaciones de aprobación general a su causa”. También plantea que el lenguaje inclusivo es parte de “otras excentricidades que afectan libertades individuales” en referencia a distintas políticas estatales “a favor” de un lenguaje no sexista.

Es evidente en el texto de Laje que se sentó a estudiar argumentos académicos con los cuales tiene una estrategia de discusión. Pero también es claro que tiene un gran desconocimiento del lenguaje vivo y practico de las experiencias que ataca en su libro. Sin embargo en este espacio breve no me interesa referir a los argumentos de Laje sino a esa idea rectora que cobija toda su performance. La noción de “lucha cultural” que en la izquierda tiene una tradición muy larga (De Gramsci a Laclau y Mouffe) y ahora está claramente al servicio de la “Nueva Derecha” ya sea Laje, Duran Barba, Trump, Bolsonaro, Salvini, Le pen, Vox, Orban y un largo etc. de intérpretes de un guión que va del más claro fascismo a un neoliberalismo modernizador. 

Antes de plantear algunas experimentaciones que se distancia de esta idea de “lucha cultural” por el poder, por fijar el sentido, por el monopolio de la nominación legitima; quisiera referir a dos polos que caracterizan la lucha cultural que da la nueva derecha: La familia y el lenguaje del odio.

3. De tal palo, tal astilla

En “No pienses en un elefante” George Lakoff hace un manual para discutir política en Estados unidos. Analiza los componentes del discurso conservador y propone herramientas para sus opositores. Lakoff identifica el conservadurismo con lo que llama el “modelo del Padre estricto”. En pocas palabras “los niños hacen lo que les dice su padre. Sin rechistar. La comunicación se produce en una sola dirección. Y lo mismo ocurre con la Casa Blanca. Es decir, el presidente no pregunta; el presidente dice. Si uno es una autoridad moral, sabe lo que es bueno, tiene el poder y lo ejerce. Si tú renunciaras a tu autoridad moral, serías inmoral”. El padre estricto, el patriarca, el padrino, el jefe, el líder responsable de la educación, del orden, de la protección y seguridad que se enfrenta a un mundo peligroso y difícil.

“Si eres un padre estricto, les dices a los niños cómo tienen que desarrollarse, qué normas tienen que cumplir, y cuando se portan mal, los castigas. Es decir, actúas utilizando, digamos, el sistema del Fondo Monetario Internacional”.

El padre estricto habla la lengua de la moral, no la de los derechos.

El modelo del Padre estricto es la fuente de muchos imaginarios del conservadurismo y de la nueva derecha. La “pesada herencia”, “el gasto de planes sociales en vagos”, “con los militares estábamos mejor”, “el triunfo del esfuerzo y disciplina sobre el riesgo”, “el mercado libre”, son todas imágenes que surgen de la moral del padre estricto.

Grandes imaginarios colectivos como el binomio Civilización y Barbarie (A.K.A. Grieta) en Argentina o el Sueño Americano en Estados Unidos tienen sus vínculos con el padre estricto.

4. Un rifle que hable

Otro origen de los imaginarios fascistas de la nueva derecha se origina en su lenguaje de odio a ciertas alteridades. Para Sara Ahmed el discurso del odio surge como respuesta a una amenaza: la presencia de un otro negativo que se imagina como una amenaza al objeto de amor. Donde hay un daño, hay odio. Llama a esto “usos defensivos del odio en el discurso fascista”. El sujeto del odio se siente invadido y lastimado por estada presencia extraña. Ahmed está pensando en discursos anti-migraciones y de “mano dura” en Europa.

Pero podemos pensar otras escenas de lo social donde el odio es hablado. 

Es necesario pensar también ¿Qué efectividad tiene el lenguaje del odio?.

Judith Butler analiza el tema en profundidad en “Lenguaje, Poder, Identidad”. Butler plantea que pese a ciertas ideas reduccionistas el lenguaje del odio no hace necesariamente una herida. Para algunas teorías el mismo acto de hablar produce performativamente un daño. Lo cual Butler acepta como posible incluso probable pero no necesariamente desencadenado. Butler cree en la posibilidad de una Agencia Discursiva para que el lenguaje del odio no dañe incluso para reapropiarse de sus palabras. Este es en síntesis su argumento para oponerse a medidas estatales y judiciales que queriendo intervenir en contra del lenguaje de odio terminan apropiándose de la facultad de que puede y no puede decirse. Llamando a repensar lo performativo.

Lazzarato por su parte en “Políticas del acontecimiento” plantea algunas críticas (muy discutibles) a lo performativo en Butler para decir que el discurso de odio “no como una fuerza que realiza lo que anuncia (performativo), sino como una “acción sobre acciones posibles”, abierta a lo imprevisible, a la indeterminación de la respuesta-reacción del otro (de los otros).

El odio es la materia prima del imaginario fascista. Sus personajes: El miedo y el daño. El daño siempre yo. La miedo siempre otro. La lengua fascista es rifle que habla. Palabras que eventualmente pueden matar.

5. Las tres arrogancias

La célebre “Lección inaugural” de Roland Barthes tiene la idea rectora de sus últimas producciones:La lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir”. El lenguaje inserta un paradigma (un binomio) el amado y el amante, el amo y el esclavo, el dominante y el dominado. La lucha cultural en lenguaje es su estado natural.

El lenguaje no es solo fascista. Es arrogante. 3 arrogancias: La Doxa, la Ciencia y la del Militante profieren el discurso de la victoria. El reverso no es la derrota. Si no Lo Neutro. Un concepto esquivo, una válvula de escape más nacida de la esperanza que de la experiencia. Lo neutro “desbarata” el paradigma/grieta/binarismo. Lo neutro no es la neutralidad, es el matiz, es un deseo, una pasión y una ética (pero no una moral).

            Lo Neutro renuncia al sentido y al conflicto que lo origina.

            Lo Neutro es un deseo, una pasión, una renuncia a la oposición (al pensamiento en pares opuestos mismo).

            Lo Neutro no entra en la “lucha cultural”.

            Todo muy lindo, pero la pregunta insiste.       

Si en todos lados hay relaciones desiguales de poder/saber, si toda palabra es un látigo para dominar, ¿Cómo hacer un hueco para fugarse del paradigma?

            Deleuze responde: “Huir, pero mientras se huye, buscar un arma”. 

            Huir como quien se niega a jugar. Desertar. Buscar la soledad más no el aislamiento. Dejar la doctrina, pero no traicionar. Perder la palabra, pero no el cuerpo.

6. “En esta noche, en este mundo” o Salida de emergencia

¿Cómo sostener un discurso de la no-arrogancia?, ¿Cómo renunciar a la lengua misma?

Tiqqun propone fabricar una lengua:

“¿Dónde están las palabras, dónde la casa, dónde mis antepasados, dónde están mis amores, dónde mis amigos? No existen, mi niño. Todo está por construir. Debes construir la lengua que habitarás y debes encontrar los antepasados que te hagan más libre. Debes construir la casa donde ya no vivirás solo. Y debes construir la nueva educación sentimental mediante la que amarás de nuevo. Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general, porque los que se han despertado son la pesadilla de aquellos que todavía duermen.”

            Otra experiencia.

“Todo puede ser tan hermoso, todo puede ser tan fértil, tan imprevisible, cuesta creer que sea obra de un dios. El lenguaje es mío. Es mi derecho, me corresponde una parte de él. Vino a mí, yo no lo busqué, por lo tanto es mío. Me lo heredo mi madre, lo despilfarró mi padre. Voy a destruirlo, a enfermarlo, voy a despedazarlo y a hacerlo renacer tantas veces como sean necesarias, un renacimiento por cada cosa bien hecha en este mundo” Camila Sosa Villada en “Las malas”.

            Alejandra.

            Alejandra.

            “La lengua natal castra”

            “La lengua es un órgano de conocimiento”

            “las palabras/ no hacen el amor/ hacen la ausencia”.

Materiales

  • AUDIOVISUAL
    • Contrapoints, de Natalie Wynn (disponibles en YouTube).
    • Barton Fink, de Ethan Coen y Joel Coen.
    • Sorry to the bother you, de Boots Riley.
    • Black Mirror, de Charlie Brooker (disponible en Netflix).
  • LIBROS
    • Las malas, de Camila Sosa Villada.
    • Diálogos, de Gilles Deleuze y Claire Parnet.
    • Llamamiento y otros fogonazos, de Tiqqun.
    • En esta noche, en este mundo, de Alejandra Pizarnik.
    • Lo neutro, de Roland Barthes.
    • Roland Barthes por Roland Barthes, de Roland Barthes.
    • El placer del texto y la Lección inaugural, de Roland Barthes.
    • Lenguaje, Poder, Identidad, de Judith Butler.
    • La política cultural de las emociones, de Sara Ahmed.
    • No pienses en un elefante, de George Lakoff.
    • Políticas del acontecimiento, de Maurizio Lazzarato.
    • Adiós a la revolución, de Tomás Ibañez.
    • La sociedad del espectáculo, de Guy Debord.
    • El arte de ganar. Cómo usar el ataque en campañas electorales exitosas, de Jaime Durán Barba y Santiago Nieto.
    • El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural, de Nicolas Marquez y Agustín Laje.
    • Manifiestos y textos futuristas, de Filippo Tommaso Marinetti.

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