Asambleas, la potencia de quienes quieren cambiarlo todo

Una radiografía del tiempo universitario que nos corre. La insurgencia de quienes al calor del encuentro pensamos otro modo de hacer política y filosofía. Cómo construir en las antípodas de una institucionalidad que nos desconoce. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan.

Autoría: Asamblea de Estudiantes de Filosofía

I

Quienes habitamos o hemos transitado por instituciones, más si nos dedicamos a una ciencia social o “humana”, sabemos identificar eso que llamamos “cultura institucional”. Si la asumimos como inherentemente práctica y contingente (que es del orden de la experiencia, por tanto cambiante), podemos pensar la institucionalidad, como un texto encarnado, una performance que actualizamos a diario. Una institución entonces podríamos pensarla desde aquellas prácticas normadas que hacen a su vida y a su comportamiento. Prácticas que son lo esperable, lo que permite a una institución persistir en su status quo, en su normalidad sistematizada, sistemática y endogámica; en un plano de la acción, el guión que hace a las prácticas (esa partitura que se juega en un plano de lo indecible –porque no está nombrada- pero que es esperada, practicada y controlada por y entre les actuantes). Llamémosle <<lo guionado>>. Pero una institución también son sus decires sobre las cosas, la distribución de roles, la encarnación de personajes, la puesta en escena de una producción de cosas y de cuerpos. Podríamos pensar que en este plano se juega fuertemente la vida, el error, la actualización, la posibilidad de fuga, pongámosle por nombre <<lo que pasa>>.

Una universidad, una facultad, son instituciones educativas cuyas funciones principales podríamos decir que son la producción de cosas (conocimientos, textos, investigaciones, papers, programas, lecturas) y de cuerpos (profesionales, estudiantes, egresades, docentes, no-docentes, desertores, académicos, investigadores) que transitan y se hacen mediante topografías epistemológicas: cosas y cuerpos recorren, se hacen tránsito según disciplinas, según perfiles institucionales, según competencias profesionales, campos de intervención.

Pero no todo queda reducido a una función epistémica (producir conocimiento y cuerpos que conozcan). La Reforma del ’18 anunciaba un quiebre, un martillazo: la universidad es también política. En un sentido precondicional si se quiere –vale aclarar que la distinción solo nos sirve a los fines del texto-, porque toda producción de conocimiento, toda  legibilidad y configuración programática disciplinaria, todo texto dado en una cátedra, implica posiciones y lecturas políticas, porque son un recorte de cosas (textos, obras) y de cuerpos (autores); y en un sentido fáctico, en un fuerte sentido contemporáneo, porque el conocimiento es una disputa de poder, porque los tiempos nos demandan accionar, porque un modelo de hacer gobierno se reviste de democracia para asegurar los intereses de unos pocos en nombre de una mayoría.

Este año se cumplen 101 años de aquel momento histórico para nuestra Universidad. Aquella tiranía revestida de democracia continúa gobernando y oprimiendo la fuerza de lo vivo, la potencia de quienes se han decidido cambiarlo todo, porque todo está mal y porque el tiempo lo demanda. Nuestra Universidad hoy es el fiel reflejo de la decadencia y corrupción de un modelo de hacer gobierno que hoy dócilmente seduce con la ilusión de la elección directa: como si el poder se eligiese con la ingenuidad que supone “elegir” algo. Ponderaciones diferenciadas para el voto según el cuerpo que vote (si es docente, estudiante, egresadx, o no-docente). Mentira la verdad.

II

No todo pinta gris. Desde hace 15 años distintxs cuerpos, compañerxs estudiantes, docentes, egresadxs e investigadorxs, comenzamos a encontrarnos, a imaginar y construir otra forma de hacer política, de hacernos agentes políticxs. Surgió entonces la Asamblea de Estudiantes de Filosofía, un espacio que emergía al calor de las condiciones sociales del 2004 (contexto pos 2001 donde las tasas de deserción eran críticas y donde estudiar en la universidad era un derecho privilegiado –aunque bueno, mucho no ha cambiado-), y al calor del encuentro frente a la necesidad de democratizar la discusión en torno a las decisiones políticas que tomaba el Consejo de la Escuela de Filosofía. Porque aquellxs compañerxs y hoy nosotrxs, entendemos que es fundamental para una institución democrática, la difusión, comunicación y el invite a toda la comunidad de nuestra Escuela a discutir las decisiones que nos atraviesan y competen a todxs. 

Si la democracia se hace en público, nuestro Consejo deberá salir del cuarto cerrado y oscuro que lo encierra. Si la democracia se hace en público, resulta insólito que 8 cuerpos actúen en representación –palabra en agonía si las hay- de toda una comunidad que es ajena a las discusiones y decisiones que se toman en un Consejo que actúa en nombre de la mayoría. Si la democracia se hace en público, era momento de accionar. Porque había que cambiarlo todo.

Como Asamblea se construyó así la figura del consejerx mandatadx y revocable. Lxs consejerxs ya no actuarían “en representación de una mayoría que les ha votado”, sino que actuarían como vocerxs de las discusiones y posicionamientos que la Asamblea construyese, ya sea respecto al Consejo en particular, o a otro tema de preocupación relevante. La Asamblea elige a sus consejerxs, y una vez elegidxs, estos firman su Acta de Renuncia, disponible a ser presentada si lxs consejerxs dejasen de asistir al Consejo de Escuela, o dejasen de comunicar y encarnar los posicionamientos y discusiones que la Asamblea desarrolla.

La fuerza de lo público es lo que hace a la Asamblea. Todo encuentro, toda asamblea, es difundida abiertamente (virtual y mediante pasada por aulas y espacios) y con anticipación para que la mayor parte de compañerxs estudiantes puedan acercarse. La participación es abierta, plural y horizontal: cualquier cuerpo puede acercarse y plantear un tema, discutir abiertamente y expresarse sin condiciones; no hay jerarquías, ni roles preasumidos.

Tal práctica política desborda toda una institucionalidad que funde su práctica y cultura política (su normalidad) en la representatividad de una mayoría por parte de unxs pocxs. Además dicha representatividad no es paritaria: en nuestro Consejo de Escuela, como en todos los órganos de cogobierno universitario (Consejo Directivo, Consejo Superior, Asamblea Universitaria), existe una mayoría docente por sobre una minoría estudiantil, no-docente, y egresada. Tampoco esta forma de gobierno es plural ni horizontal: el monopartidismo atesta nuestros Consejos, ocupadxs y direccionadxs por una o dos listas.  “Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil.” (Manifiesto Liminar, 1918).

Con los años fuimos construyendo nuestra intervención cada vez menos escindida de lo que ocurría en la sociedad –en la que la universidad se reflejaba-.  A la comisión que habíamos empezado para discutir y renovar nuestros Planes de Estudio, se sumaron una Comisión Antirrepresiva y una Comisión de Géneros. Tales comisiones de trabajo no perseguían la realización de un vínculo esencialista (filosofía y represión, filosofía y feminismo) donde la filosofía “echase luz”. Sino que emprendimos el desafío de construir otros modos de hacer filosofía en los que se pusiese en tensión el canon de producción y discusión que hacen a cierto contenido <<filosófico>> y a otro no.

Dicha apuesta se fue anudando a medida que participábamos del Encuentro Nacional de Filosofía (ENF), un encuentro que surgió entre estudiantes, docentes, egresadxs e investigadores de distintas provincias que, en discusión con el academicismo que practica la AFRA (Asociación de Filosofía de la República Argentina), emprendía la apuesta por la construcción de redes en las que se posibilitase la circulación de otras temáticas, investigaciones, y problemáticas que pusiesen en tensión a la filosofía y a su carácter disciplinar, ahistórico, desmembrado de su época y de sus practicantes, cuasi olímpico.

Esta convicción hoy la sostenemos en dos espacios que persiguen la construcción horizontal de conocimiento crítico, así como la democratización de la discusión filosófica. Estos espacios son Jardines de Epicuro, espacio en el que nos encontramos docentes, estudiantes, egresadxs y todx interesadx, para discutir, desarrollar talleres, mesas temáticas, conversatorios, donde se aborden preguntas, cuestiones, problemas que nuestra carrera deja de lado o no considera estrictamente “filosóficos” ; y  Filosofía a la Carta, talleres a la gorra realizados afuera de la universidad, en los que invitamos a discutir diferentes temas de la vida cotidiana, acompañando la discusión con un menú a elección.

III

Asamblea no hay una sola. A medida que el tiempo transcurrió fueron surgiendo otros espacios como el nuestro: la Asamblea de Estudiantes de Letras, la Asamblea de Estudiantes de Ciencias de la Educación, la Asamblea de Estudiantes de Historia, la Asamblea de Estudiantes de Antropología, la Asamblea de Estudiantes de Geografía.

En la fuerza que emerge de la construcción con otrxs, fuimos acompañándonos entre las Asambleas, construyéndonos en disidencia a la institucionalidad que se esfuerza en hacer política en una práctica de la representatividad que solo resguarda los intereses de unos pocos. ¿Democracia?

Pero ¿Cómo habitar una Universidad, una Facultad, que nos desconoce? ¿Cómo persistir en el tiempo cuando la institucionalidad legítima (encarnada en las Autoridades, en el monopartidismo de Cambio Universitario y La Bisagra) nos niega sistemáticamente espacios propios, participación en espacios y proyectos institucionales, nos censuran de comunicar en las paredes? ¿Cómo construir política desde otra ética –más cercana a la horizontalidad, a prácticas que hemos aprendido del feminismo, como la sororidad, la escucha y el acompañamiento-, cuando un Centro de Estudiantes, que lejos de ser de lxs estudiantes, es la pura expresión de una organización como La Bisagra que desconoce a las Asambleas, difamándolas y reduciéndolas a organizaciones, suprimiendo el debate horizontal y abierto, y negándose al diálogo y la discusión pública de temas que nos atraviesan como comunidad universitaria y sociedad?

En lo que va del año las Asambleas nos hemos visto obligadas a combatir toda una serie de trabas burocráticas que han buscado invisibilizarnos, desconocernos y que hasta atentan con nuestra posibilidad de presentarnos a elecciones. Cronológicamente ordenados los hechos, en primer lugar nunca fueron publicadas ni debidamente difundidas las fechas correspondientes al Calendario Electoral para la presentación de Intenciones, y de Candidatxs, Número y Color de Lista.

En segundo lugar, el hecho más grave con el cual la institución (Rectorado, Consejo Superior, Junta Electoral UNC) nos desconoce –mediante aplicación del Reglamento Electoral de la Universidad Nacional de Córdoba- es que en la Boleta Única de Sufragio, no se nos destina, para la primer columna (donde figuran los nombres, números y color de las Listas de las agrupaciones y organizaciones) nuestro número, color, y lista como Asambleas. ¿El argumento? Que dicha columna está destinada para aquellas listas que se presentan para consejerxs y consiliarios (Consejo Directivo y Consejo Superior).

Sin embargo tal Reglamento Electoral no proscribe que NO deban figurar aquellas listas que se presenten sólo Consejos Consultivos o Departamentos Asesores (en aquellas Facultades como la nuestra, donde votamos también para dicho cuerpo colegiado). Acudimos entonces a la Junta Electoral de la Facultad, creyendo firmemente que encontraríamos apoyo, puesto que tal invisibilización de los Consejos y Departamentos desfavorece ante todo a nuestra cultura institucional como facultad, en la que históricamente dichos cuerpos colegiados han ocupado funciones y han llevado a cabo tareas de vital importancia para el desarrollo de nuestra FFyH. Por el contrario, nuestra Junta decidió no realizar el reclamo en nombre propio, argumentando que debían atenerse a lo dicho por la Reglamentación, cuando en la misma Reglamentación puede observarse un “vacío legal” respecto a la confección de las Boletas y la aparición de listas para Consejos Asesores. Una vez más “el triste espectáculo de una inmovilidad senil.” (ídem).

El último hecho, que constituye la falta a nuestra respuesta. El día lunes 13 se nos informa que no respondió la Junta Electoral de la UNC (a quien estaba dirigido nuestro pedido de reconsideración de la confección de las Boletas, puesto que nos invisibilizaban como Asamblea), sino que nos llega la mísera respuesta de Rodrigo Mauro, director de la Dirección General Electoral, quien ni siquiera consideró nuestro pedido bajo los antecedentes y argumentos expuestos, sólo denegó nuestro pedido por estar fuera de los plazos de tiempo. ¿Cómo construir política desde otra ética?

IV

Nunca decidimos empezar este texto para cerrarlo. Son más las preguntas sobre nuestras prácticas que las respuestas por las preguntas. Allá quienes sesgados por intereses egoístas y partidistas prestan su fuerza a la perpetuidad de una institucionalidad que es ajena al estudiantado y sus luchas. Allá quienes sólo militan por un voto, por el paternalismo docente, o por la ambición de liderarlo todo. Allá la agonía de quienes optan repetir en lugar de imaginar.

Cumplimos 15 años como Asamblea de Estudiantes de Filosofía. 15 años en los que hemos actualizado nuestra potencia y convicción por construir política y filosofía(s) desde otros posibles. 15 años de una apuesta a la horizontalidad, pluralidad y apertura de las discusiones. 15 años de lucha por una participación activa de nosotrxs como estudiantes y como parte de una sociedad ahora sumergida en el fascismo que gobierna. 15 años en los que decidimos dejar que el tiempo nos encuentre impávidxs.

A 15 años de lucha seguimos agitando: ¡sumá tu potencia, sumate a la asamblea! 

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