Domingo por la mañana

– ¡Yo te estoy hablando de esperanza!
– Si ya sé. Yo te estoy hablando de realidad.
– Pero la esperanza es real. ¿O no es real?
– Sí, la esperanza puede ser real. En un tipo como vos, por ejemplo. Pero no funciona así, la esperanza está mal utilizada, casi que desperdiciada. Porque al fin de cuentas, la esperanza no tiene límites…
– Coincido totalmente: la esperanza no tiene límites. Y es sobre ese aspecto que tenemos que explotar su grandeza.
– ¿Entonces vos estarías proponiendo como una expansión de la esperanza para que el “imaginario colectivo” nos permita proponer nuevas formas de concebir nuestra existencia?
– Mmmm… ¿Que nos permita proponer? ¡Para que se haga realidad!
– Claro, pero desde el imaginario colectivo…
– No, desde el imaginario colectivo no. Pero necesitamos que pueda suceder, que sea por lo menos imaginable. Alguien alguna vez dijo que no podemos imaginar nada que no fuese posib…
– Bueno, pero en realidad, que alguien lo haya dicho no significa nada. Esa onda de que vamos a sentir esperanzas en nuestra condición humana porque cada vez sentiríamos más y más amor, y porque nos amaríamos; a pesar del hambre, la hacinación, la competencia, el patriarcado, la policía y los gobiernos, el crimen organizado… En fin, creo que negar la potencialidad concientizadora que tiene brindarle principal importancia al tratado de todas estas cuestiones -como problemáticas urgentes de nuestra sociedad- no es el camino.
– Bajo ningún punto planteo negarlas, sino contribuir a superarlas también, desde otro plano.
– Está bien…
– Che… pero el camino para qué.
– Cómo “el camino para qué.” ¡Qué se yo! Para avanzar hacia la construcción de ciertas condiciones que nos den la posibilidad real de disputar el sentido de nuestra existencia, las motivaciones de nuestra especie y muchas cosas más. Ponete a pensar… ¿¡Qué decidimos de todo eso!? ¡Nada! ¡Nada de nada!
– Bueno, hermano, tranquilo… Bajá un cambio.
– ¿Y qué querés? ¡Si no me cebás un mate hace como 10 minutos!
– Jajaja. Sí me colgué, tenés razón… Tomá.
– Gracias.
– Che, pero te diste cuenta que para desarrollar ese tipo de ideas, tenés que estar esperanzado sobre nuestra capacidad para llevarlas a cabo… O sea que le depositás esperanzas a la sociedad. Podríamos decir que sos un esperanzado del cambio social.
– Obvio que le deposito esperanza. Pero también tengo miedo. Mirá cómo estamos destruyéndonos. Cómo el camino que transitamos sólo lleva a la devastación. Tengo miedo de lo que como sociedad estamos haciendo, y de lo que puede significar para el desarrollo de nuestra historia. Eso me obliga a actuar en consecuencia. A tratar de evitar la extinción de nuestra libertad.
– Pero vos tenés que estar dispuesto a todo. Uno de los principales límites que como sociedad tenemos para evolucionar, es nuestro desapego con la naturaleza y el cosmos. Allá se encuentran muchas respuestas y soluciones. Y los conocimientos que poseemos, sólo los usamos para encontrar satisfacciones. Y vos al ubicar la relación entre humanes por encima de la relación humane-naturaleza no te permitís buscar respuestas o motivaciones en otros lugares.
– No, yo no posiciono ese tipo de relaciones tan generales, unas por encima de las otras. Eso  sería un error gravísimo. Pero sí creo que la relación humane-humane es la principal causa de nuestra nefasta relación humane-naturaleza.
– Pero entonces… ¿Por qué tratas de contraponer a la realidad con la esperanza? No entiendo.
– No las contrapongo. Digo que dada la situación actual, es mucho más factible trabajar sobre la conciencia de la realidad -por todo lo que sucede a nuestro alrededor y que podría no suceder- a que trabajar sobre la esperanza. Porque a decir verdad, nuestra actualidad no es esperanzadora.
– Pero vos no te estás reconociendo como alguien esperanzado. Si no tenés esperanza en que todo lo que estás haciendo no va a ser al pedo, no podrías actuar con tanta pasión. Y retomando lo que mencionaste hace un rato, coincidimos totalmente en que la esperanza de la sociedad está siendo desperdiciada, porque todes están esperanzades, por ejemplo, en que “el país mejore” cada vez que van a votar. Pero claro, esa es una esperanza totalmente desvirtuada ya que, para nosotros, una democracia liberal y capitalista jamás va a significar profundas mejoras para nuestra sociedad. Entonces mi punto va por contribuir de manera positiva a la construcción de conciencia. Cuando proponés despertar la conciencia desde la negatividad de nuestra época, al evidenciar el devastamiento al que nos estamos direccionando, por ejemplo, le estás mutilando ese atisbo de esperanza mal direccionada que antes tenía esa persona, o ese grupo de personas, y eso a nadie le gusta.
– Está bien, en eso concuerdo. Y estoy muy de acuerdo con tu idea de contribuir a la concepción íntegra de nuestra especie, darle verdadera importancia a las emociones y los sentimientos, como también a la relación que éstos tienen con nuestras condiciones y relaciones sociales. También estoy muy de acuerdo con avanzar sobre el auto-conocimiento de nuestra condición de seres energéticos. Pero lo cierto es que si hay avances significativos sobre estas cuestiones, van a resultar como consecuencias de las luchas sociales. Y, lamentablemente, el pueblo en rebelión que encara ásperas y victoriosas luchas sociales, es un pueblo que sufre. Tomá… muy rico el mate, como siempre.
– Gracias… Lento y largo como siempre también, jaja.
– Ja, es cierto…
– ¡Me moviste la bombilla!
– ¡Uh! Perdón. Bueno, podríamos decir que fue el “Karma”.
– Jaja. Sí, reíte nomás…
– Che… me quedó una duda recién.
– A ver… decime.
– A qué te referís con contribuir de manera positiva a la construcción de conciencia.
– Claro, está bien. ¿Sabés por qué creo que la esperanza existe? Porque nuestra existencia es hermosa. ¿Me entendés? Es hermoso estar vive, tener sexo, emborracharse o trabajar. Jugar al estratega y estar al pedo. Porque a esos lugares o momentos recurrimos hasta darles sentido, hasta encontrar un atisbo de felicidad. Entonces, de repente se pueden transformar en un refugio. Por eso los parámetros de felicidad ya están delimitados y podemos transitar por la felicidad o infelicidad pobres o ricos por igual. Somos todes felices o infelices en la misma medida. Vos ya sabés lo que se dice: “no es rico quien mucho tiene, sino quien nada necesita”. Pero de todas formas, amamos estar vivos y vivas, y luchamos por ello, resistimos y sobrevivimos. ¡Pero cuesta tanto encontrar esos atisbos de felicidad! No es fácil, porque antes hay que pensar en comer, vestirse, transportarse, tener un techo… Entonces la pregunta es por qué. Por qué nos cuesta tanto vivir si ya sabemos qué es lo que necesitamos para sobrevivir. Tenemos tecnologías, ciencia avanzada, conocimientos variados, ¡internet! y quién sabe verdaderamente por qué. Si nosotres no elegimos nada… como vos dijiste, jugamos un juego con las reglas puestas por extrañes. Además de vos lo dice el tango, el cuarteto, el rock, la cumbia villera y colombiana. Lo dice La Creación de Adán de Miguel Ángel… ¡Lo dice la historia! Nuestros bolsillos, la risa y la lágrima… ¿Entendés? No creo que haga falta hablar de la devastación del mundo para ponerse de acuerdo en que hay que cambiarlo.
– Claro, te entiendo, me parece bien…
– Mirá, ahí viene el de los panes, ¿le compremos uno?
– Dale, pero que no sea el de naranja porque son horribles.

Texto producido para Ósmosis 2, publicada en Octubre de 2017. Si queres leer la revista entera hace click aqui.

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